La lana de la que se elaboran estas bufandas proviene de las cabras de la región rusa de Orenburgo. Su pelusa, más fina que el cachemir, se peina, hila y teje cuidadosamente sobre un hilo de seda.
El resultado: un tejido tan ligero que una bufanda entera cabe por una alianza de boda, y a la vez lo bastante cálido como para proteger en inviernos gélidos.